¿Qué es el amor? Dicen que está en el corazón y que es todo lo que necesitas. Hablamos sobre el enamoramiento (y si es posible des-enamorarse), según la neurociencia.

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El comportamiento más complejo del ser humano es el amor, tanto el generado de un padre hacia su hija, o el que provoca taquicardia y una descarga de endorfinas al ver a nuestra pareja a los ojos. La mayoría de los comportamientos complejos del humano (como la imitación) aún no se comprenden por completo, y el amor no es la excepción. Sin embargo, en los últimos años la neurociencia ha abocado su esfuerzo en tratar de descifrar qué es, cómo funciona, y hasta qué punto se puede limitar o suprimir.

Adicto a tus pupilas

Podemos partir diciendo que todas las emociones humanas tienen un componente neurobiológico: la esperanza, el odio, la apatía, la tenacidad, y en este caso el amor. Aunque muchos ortodoxos quieran mantener la idea que postula dichos comportamientos como parte de un “alma extraterrenal”, cada día surgen más pruebas que esclarecen las moléculas y regiones del cerebro responsables de cada uno.

En el caso del amor, podríamos considerarla un recurso evolutivo de unión entre miembros de una misma especie. Ya sea para procrear (en el caso del amor romántico) o para que sobreviva la descendencia (en el amor paterno) dicho comportamiento involucra un compromiso especial del sujeto que lo siente. Hablando en particular del amor romántico, algunos investigadores han postulado la hipótesis de la adicción a la pareja que explica neurobiológicamente las fases del enamoramiento.

Las 5 fases del enamoramiento

1. Me haces muy feliz

En la fase temprana del enamoramiento, además de una secreción elevada de estrógenos o testosterona, se recopila gran cantidad de información sensorial sobre el objeto de nuestro deseo, principalmente social: miradas, contactos, palabras, fragancias, la forma del cuerpo y la cara, y posibles experiencias sexuales. Cuando estas interacciones iniciales producen resultados gratificantes se libera dopamina en el núcleo accumbens, lo cual incrementa la relevancia de las señales incentivas que predicen tal recompensa.

La activación del receptor D1 y el D2 representa un balance entre respuestas conductuales positivas y negativas; D1 refuerza el valor incentivo positivo de las respuestas agresivas y D2 refuerza el valor de las respuestas pasivas, sociales o relacionadas con la recompensa. La activación de los receptores opioides ocurre al mismo tiempo que la recompensa (por contacto sexual con la pareja generalmente) lo cual coordina la respuesta positiva interactuando con los sistemas de dopamina y oxitocina.

Estos sistemas neuroquímicos forman una retroalimentación positiva que refuerza los comportamientos y señales predictivas, lo cual acumula asociaciones positivas.

2. Te amo

En la adicción amorosa, todos los encuentros tienen un componente social, el cual provoca liberación de oxitocina o de vasopresina. Ellas convergen con la dopamina en la vía mesolímbica para incrementar el predominio de las señales sociales y la información. Con esto aumenta la atención hacia miradas, sonidos, olores, comportamientos y otras características que distinguen a la pareja. El sistema de la oxitocina es evolutivamente similar al circuito maternal, el cual promueve comportamientos de crianza y cuidado de la pareja.

El sistema de la vasopresina es evolutivamente similar a los circuitos de agresión y territorialidad, lo que promueve comportamientos de protección e identificación de la pareja como una extensión del territorio. El efecto combinado de ambos sistemas asegura que la información social se vuelva sustrato de los refuerzos positivos y el condicionamiento que ocurren como resultado de la dopamina y los opioides.

3. ¿Te casarías conmigo?

Mientras este ciclo de retroalimentación positiva continúa, ocurre una adaptación dentro de los circuitos que los prepara para su mantenimiento. El balance de la dopamina se carga hacia el receptor D1, lo cual reduce progresivamente las respuestas gratificantes y aumenta las agresivas o negativas, lo cual tiene tres repercusiones principales.

Primero, se calma la euforia amorosa inicial, y se reemplaza gradualmente por una sensación templada de alegría. Segundo, los encuentros con la pareja se vuelven más frecuentes, y la relación puede continuar a pesar de las emociones o consecuencias negativas (aquí puede que los opioides endógenos participen). Finalmente, los encuentros con nuevas parejas en potencia causan una liberación nueva de dopamina, pero la predominancia de los receptores D1 promueve el rechazo y las respuestas agresivas para defender el territorio (y a la pareja actual), disminuyendo la probabilidad de una segunda relación.

4. Tropecé de nuevo y con la misma piedra

Simultáneamente, el circuito del estrés a cargo del factor liberador de corticotropina es preparado para mantenerse a través de una regulación corriente arriba en la amígdala. Este sistema en particular es fuertemente activado durante un síndrome de abstinencia… o una separación amorosa. Dicha activación resulta en un estado motivacional positivo que puede conducir nuevamente al sujeto hacia el objeto de su deseo.

5. Todo se derrumbó

La regulación de la dinorfina y la activación subsecuente del receptor Opioide Kappa durante la separación promueve el afecto negativo. Así mismo, la liberación de oxitocina durante este periodo puede mitigar los síntomas y reducir la posibilidad de una recaída, lo cual explica la gran utilidad del apoyo social y la búsqueda de consuelo durante los rompimientos. Cuando, lamentablemente, la recaída es imposible (por pérdida de la pareja) el estado de ansiedad crónica puede resultar en efectos negativos y comportamientos depresivos.

Tú, mi complemento, mi media naranja

Como Karin Weis dijo alguna vez: “El amor no es un fenómeno uniforme. Hay variaciones incontables que pueden tener las relaciones de pareja, y así como son de diversas las relaciones, son también las teorías del amor que tratan de desentrañarlo”. El amor debe ser entendido como un fenómeno complejo del cerebro que gracias a construcciones sociales abstractas nos ha unificado como especie, y hasta cierto punto nos ha permitido sobrevivir a lo largo de los siglos.

Si bien tiene sus bases biológicas y hormonales, es también una construcción cognitiva que se nutre de otras áreas superiores como la memoria o la abstracción. Es de suma importancia para los científicos lograr descifrar las bases cognitivas de la interacción social humana, siendo una de las más difíciles el enamoramiento. Un grupo de psicólogos postula que, por ejemplo, las bases cognitivas del enamoramiento pueden residir parcialmente en un proceso de auto-expansión hacia los seres queridos; que propicia un cambio conductual en la intención.

¡Eso lo explica todo!

Ésto explica por qué muchas parejas se consideran como una unidad, como complemento el uno del otro. Lo fundamentan con un metaanálisis de estudios neurobiológicos, donde encontraron un entrelazamiento neuronal entre las redes cerebrales vinculadas con el enamoramiento (como las vías dopaminérgicas mesolímbicas) y las regiones asociadas a la cognición social, la cognición materializada, la atracción, la representación del estado mental y la autorepresentación (como las regiones posteriores de los surcos temporales superiores, las cortezas frontales inferiores, la corteza prefrontal ventromedial y la ínsula anterior).

¿La poción del desamor?

Sin embargo, desde los tiempos de Shakespeare se sabe que el amor en exceso puede llegar a convertirse en una enfermedad, que va destruyendo física y mentalmente al individuo. Por lo mismo, se ha tratado de curar a estos sujetos locamente enamorados por medio de restricciones alimenticias, flebotomías y hasta remedios mágicos. La neurociencia ha llegado un paso más allá, tratando de descifrar precisamente cuáles moléculas y vías señalizadoras están vinculadas al enamoramiento (lo que platicamos previamente).

A partir del 2009 se empezó a plantear la posibilidad de una cura para el enamoramiento. Fue el neurobiólogo Larry Young quién propuso que, si una mezcla precisa de neurotransmisores y neuropéptidos controla las respuestas afectivas en el sistema nervioso central, muy probablemente una combinación precisa de fármacos moduladores del sistema nervioso podría aumentar o disminuir nuestro amor.

La biotecnología necesaria para erradicar el amor patológico es tan multifacética y espléndida como los diversos tipos de amor que existen en nuestra especie. Para ahondar al respecto, es necesario conocer las tres fases en las que Helen Fischer y sus colaboradores dividieron al amor de pareja:

  • Líbido: el deseo sexual inicial asociado con la liberación de estrógenos o testosterona.
  • Atracción: la obsesión con la pareja y sentimientos de regocijo asociados con adrenalina, dopamina y serotonina.
  • Enlazamiento: Sentimientos de calma, seguridad y comportamientos protectores asociados con oxitocina y vasopresina.

Y por si eso fuera poco…

Con esta división, los neurocientíficos han podido intervenir farmacológicamente en fases individuales, a veces intencionalmente (como en la castración química a los violadores) y otras cuantas de manera accidental (como en pacientes con TOC, que al mismo tiempo se alivian sus síntomas y de una ruptura amorosa). Aunque todos estos medicamentos únicamente actúan de forma indirecta en el factor cognitivo del amor, los neurocientíficos se acercan poco a poco a lograr intervenir de raíz en este sentimiento.

Claro, esto no quiere decir que en 5 años exista una pastilla que pueda erradicar el amor de tajo tomándola cada 8 horas; debemos tener en cuenta la gran diversidad y esplendor que posee, la importancia que acarrea para nuestra especie, así como las implicaciones sociales y filosóficas que ha tenido a lo largo de nuestra existencia. Es muy probable que durante las próximas décadas vivamos un auge impresionante en los neurofármacos, los cuales sean capaces de curar desde una esquizofrenia hasta un desamor. Sin embargo, si en un futuro se desarrolla la cura definitiva para el amor, habrá que plantearnos seriamente las implicaciones bioéticas de la misma.

Referencias Bibliográficas

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Editor Sapiens Medicus 1º Generación. Médico por la Universidad de Guadalajara. Técnico en Citología e Histología. Consejero Consultivo A.U.S.J. Participante en el 8º Congreso Latinoamericano Contra la Epilepsia. Neuro-fan. Gamer de afición. Nerd de tiempo completo. Residente de Patología.

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